El precio de moverse en Madrid
Jueves, Febrero 2nd, 2006“El loco de la colina”. No podía existir mejor título para definir a un alcalde con aires de grandeza faraónica. Es en este caso el nombre del famoso programa del aún más famoso periodista Jesús Quintero pero que resume a la perfección el estado psicológico de Alberto Ruiz Gallardón, el alcalde que nos ha tocado sufrir a los madrileños.
Convertir a Madrid en una isla del tesoro… pero sin tesoro y con cientos de piratas metálicos y amarillentos socavando el terreno edificable a la vez que la paciencia de los habitantes madrileños es algo al alcance de muy pocos.
¿Transporte público? Norte de Madrid-Tres Cantos. Una hora de viaje diario para un recorrido que en circunstancias normales lleva 25 minutos completarlo. Cualquiera que haya pasado un solo día en la capital sabrá que cuando Sabina canta eso de “Dos pilotos se enfrentan al volante en el rally a Dakar de la M-30” no es una licencia artística del jienense.
Otra gran idea de Alberto. Sacar dinero hasta de debajo de las piedras. ¿De las que sacan en las obras? Ni mucho menos. Hablamos de sacar dinero de donde antes no se sacaba dinero. Son nuestras maravillosas zonas verdes y azules que están extendiendo sus dominios por todas las zonas pudientes. Un maravilloso invento que permite, entre otras cosas, interrumpir comidas para echar “unos centimitos más” al parquímetro, o añadir al ya de por si desesperante elemento de encontrar una plaza el genial aliciente de pagar por ella.
Lo más interesante del asunto es la hipocresía vecinal. En un barrio donde el Partido Popular domina por aplastante mayoría (como en casi todo Madrid) me entero por un vecino que se están reuniendo firmas para protestar por esta última medida ya que el olor a pintura verde y azul comienza a llegar a las adineradas e hipócritas narices de mis conciudadanos. ¿Firmar? ¿Para qué? Donde hay que dejar la rúbrica es en cada votación y ser consecuente con las decisiones que se adoptan.
Por eso, porque no entiendo si los madrileños tenemos problemas de memoria a medio plazo o porque somos gilipollas, yo me quejo.