Seis años hacía desde que Joaquín Sabina no rasgaba con su delicada voz de ducados los tendidos, barras y andanadas de Las Ventas en Madrid. Seis meses hacía que no llovía de verdad en la capital. Y seis minutos, tan sólo seis minutos hicieron falta para aplacar y convencer al dios de las tormentas de que los más de 15.000 espectadores deseaban contemplar el espectáculo en el más absoluto de los rigores veraniegos.
En la noche del miércoles, Sabina demostró que puede lidiar (prometo que será la única referencia taurina del texto) no sólo con un espectáculo de 3 horas (¿aguantan eso los artistas manufacturados y empaquetados por las productoras televisivas y/o musicales?) sino además con los 30.000 ojos (quizá alguno menos debido a la presencia de un pirata cojo) que disfrutaban del mismo modo que vigilaban cualquier debilidad de un cantante que en las dos pantallas gigantes habilitadas para tal efecto se le apreciaba enjuto y envejecido físicamente, pero con más ganas de comerse el mundo que nunca.
El espectáculo, aderezado con un no demasiado efectista fondo dinámico donde se fueron sucediendo toda clase de imágenes estáticas y en movimiento relacionadas con cada uno de los temas (donde se mostraron desde las creaciones artísticas de Sabina hasta las instatantáneas de mentores como Bob Dylan o Leonard Cohen e incluso de un Homer Simpson guitarrero y canalla) no quitó protagonismo al verdadero significado del concierto: el reencuentro de Sabina con su legión de incondicionales seguidores y de sus míticas creaciones, entonadas y acompañadas junto a cuatro de sus éxitos del último disco: Alivio de luto.
La relación de canciones (vía The Hands of Love) fueron tan interminables como inolvidables. 35 temas que perfectamente resumen una carrera repleta de éxitos que sólo el propio Sabina ha estado a punto de arruinar en contadas ocasiones.
Calle Melancolía
Pongamos que hablo de Madrid
Caballo de Cartón
Princesa
Pacto entre caballeros
Que se llama Soledad
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Mentiras piadosas
Y nos dieron las 10
Conductores suicidas
A la orilla de la chimenea (A.García de Diego)
La del Pirata cojo
Peor para el Sol
Pastillas para no soñar (cancion final, karaoke)
Esta noche contigo
Siete Crisantemos
Ruido
Como un explorador
Esta boca es mía (Pancho Varona)
Contigo
Aves de paso
Y sin embargo te quiero (Olga Román)
Y sin embargo
Marilin Monroe (Olga Román)
Llueve sobre mojado
Yo me bajo en Atocha
Ahora que…
19 dias y 500 noches
Una canción para la Magdalena
De purísima y oro
Noches de boda
Pájaros de Portugal
Pie de guerra
Resumiendo
Nube negra
Si inolvidable resultó el espectáculo, la organización mereció un capítulo aparte. La pésima e inexistente coordinación causó interminables y absurdas colas a la entrada de Las Ventas como consecuencia de la tardía apertura de puertas. Era la ley del más fuerte o del más listo. Colarse o llegar a tu localidad con el espectáculo ya comenzado. Evidentemente la elección era clara.
Pero lo que sin duda fue el colmo del absurdo fue la prohibición total de la entrada de paraguas al recinto… en una noche amenazada seriamente por la nube negra que se cernía sobre la monumental. Este hecho, si bien puede comprenderse en un contexto de hipotético peligro para los asistentes, no puede aprobarse cuando no existía una consigna en la que dejar con seguridad tan útil artefacto, o un simple ticket para recogerlo a la salida. El resultado derivó en un caos total a la salida del concierto donde el primero que llegó se llevó, de regalo, el mejor paraguas que podía conseguir.
Fue en resumen, para muchos, el mejor concierto del de Úbeda al que sólo el nefasto trabajo de los promotores (apunten: Berry Producciones) pudo poner un borrón en la noche más mágica e inolvidable que los seguidores de Joaquín hemos podido vivir.
¿Volveremos a vernos? “Ojalá, … ojalá volvamos a vernos“.
Ojalá.