Nunca una comparación resultó más odiosa para álguien. Para los futbolistas, se entiende. Puestos a comparar los resultados deportivos de nuestra selección de fútbol frente a nuestro Dream Team baloncestístico resulta bochornante para los chicos de Luis Aragonés (de sobrenombre -el sábio-, aún más vergonzante para el diccionario) que se les compare con el poderío, la raza y la inteligencia de los de Pepu Hernández.
Pero obviando los ridículos deportivos de los primeros y las hazañas de los segundos (esto lo dejaremos para el domingo) no quiero dejar pasar la oportunidad de destacar la extraordinaria naturalidad y sobre todo, cercanía, con la que todos los jugadores están encajando cada partido, cada fase o cada eliminatoria.
Sí, es Pau Gasol, estrella de la NBA y jugador franquicia de los Memphis Grizzlies. También José Manuel Calderón, base de los Toronto Raptors y futuro compañero de Jorge Garbajosa e incluso Sergio Rodriguez, al que su puesto el año que viene en Portland no le ha garantizado su titularidad en la selección pero le ha permitido hoy, ante Argentina, desplegar todo el juego que le ha llevado a Estados Unidos.
Además, otros once jugadores tan necesarios como los primeros conforman un auténtico equipo y, por qué no decirlo, la auténtica selección nacional de la que todos, absolutamente todos nos sentimos partícipes de sus triunfos. Son estrellas, sí. Pero dada su humildad podrían ser, perfectamente, esos compañeros con los que cada viernes jugamos los tres para tres en el polideportivo.
Su cercanía con un público entregado en Japón (José Miguel Contreras incluido), en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid o en las casas a través de la televisión con una cadena, La Sexta, que por primera vez desde que la televisión es televisión, ha apostado sin miedo ni tapujos por el baloncesto con un despliegue inaudito, ha construído ese intangible vínculo entre jugadores y aficionados que se creía perdido en el deporte profesional y que, por lo menos en el deporte de la canasta, se ha demostrado que no ha cambiado entre la generación de Los Angeles’84 con los Martín e Iturriaga con la de los Gasol y compañía.
Tenemos dos días para disfrutar y soñar con un equipo que, sin duda, será irrepetible y muy difícil de igualar para las siguientes generaciones.