Hasta ayer pensaba que lo más ridículo que había visto en Telecinco era ver a Emilio Pineda, presentador y carroñero mayor de El buscador de historias con tirantes rojos y camisa blanca al estilo de los grandes periodistas de antaño. El hombre, zalamero y henchido de orgullo, comunicaba mediante una autopromoción que desde el próximo fin de semana tendremos la suerte de contemplar (con mucho asco) dos ediciones de su estupendo programa. Más morbo, más telerrealidad y, en definitiva, más mierda, también a la hora de comer .
Lo más preocupante de todo esto es comprobar que hasta los partidos políticos, como el Partido Popular en sus videos autoinculpatorios, copian y mimetizan la forma de comunicar mediante imágenes los más lamentables y escabrosos sucesos.
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Dejando los ridículos políticos a un lado y siguiendo con los protagonizados por Telecinco en la noche de ayer no podemos dejar de lado al segundo en el ranking de la mezquindad, los montajes en directo y las exclusivas casposas, por detrás del tomate: Hablamos del inefable Sábado Dolce Vita, ese programa generador de incontables gags y líneas de guión para el genial Ángel Martín de Sé lo que hicísteis la última semana.
Lejos de estar curado de espanto tras ver programa tras programa cómo Santiago Acosta no le hace ascos a ningún politono y se pone a bailar a ritmos pachangueros del todo a cien, las cabezas pensantes del programa (entre las que se cuentan la mujer del propio Santiago, lo cual ayuda a cuadrar muchas cosas) idearon ayer un innovador método para avanzar las cruentas y ficticias polémicas que el programa tiene preparadas (literalmente) a los espectadores.
Dos de las traficantes de montajes más habituales, obedientes y baratas que existen actualmente en el panorama televisivo español, Aída Nízar y Sonia Arenas (aunque esto es aplicable para cualquier concursante venida a más de un reality show de convivencia) prometían sacarse los ojos, tirarse de los pelos y hasta casi arrancarse las vestiduras para dejar ver sus generosas carnes en directo por un puñado de Euros en un vídeo cutre que se asemejaba a los típicos ataques previos de una velada de boxeo.
Un dinero que a buen seguro les servirá hasta que den con cualquier otro famosocuatro ejes del mal televisivo (vease futbolista con calentón y poco cerebro) y puedan vender de nuevo sus correrías sexuales a los (Aquí hay tomate, Salsa Rosa, Dónde estás corazón y, de reciente factura, En Antena).
El vídeo, de una comicidad sin igual (¿existe álguien que se tome en serio este tipo de programas?) no pudo resultar más patético: dos mujeres, olvidándose del derecho al honor, prometían despellejarse en una pieza mal sincronizada (los montajes en Salsa Rosa empiezan desde las salas de edición AVID), con varios segundos de desfase entre amenaza y réplica (quizá el tiempo necesario para que estas señoras procesen la información) y con la certificación de que ninguna de ellas serviría ni como figurante en una película de Santiago Segura. Las risas y caras de poker entre ellas no ayudaron mucho a una credibilidad ya de por si inexistente.
Lo peor, que ni en esto han sido capaces de innovar. Y es que toda la generación que crecimos con las narraciones de Héctor del Mar los sábados por la mañana en la cadena amiga (y en la actualidad, en las madrugadas de los sábados de Cuatro) sabemos que, por definición, las previas más calientes eran las de Pressing Catch. Ridículo, como todo el cuore televisivo.