El pasado lunes, en una noche soporífera de calor y programación de las cadenas generalistas (a excepción del impresionante último episodio de la quinta temporada de CSI firmado por el claustrofóbico Quentin Tarantino) me disponía a ver el último producto de la siempre incombustible factoría de vergüenza ajena que posee Antena 3: Libertad Vigilada.
Precendentes no le faltaban tras productos que han perdurado en la retina y tímpano de todos como Confianza Ciega o El Bus. En esta ocasión, el formato poco difería de lo que nos tiene acostumbrados la cadena de San Sebastián de los Reyes. Personajes (de 18 a 22 años nos quieren hacer creer) en plena efervescencia sexual que son enclaustrados en un hotel (con piscina) en la idílica Isla de Lanzarote, sin más preocupación que la de hacer todo cuanto ellos quieran (literalmente) mientras son juzgados por la audiencia, juez, y más que nunca, también parte, de las correrías de estos chiquillos de 20 años en cada pata.
La particularidad en esta ocasión reside en que la mano ejecutora y democrática del programa son… ¡los propios padres!. ¡Qué originalidad! Por supuesto, las escenas que los sufridos progenitores y los espectadores presencian son del todo instructivas e informativas, obviando que la audiencia de hoy en día sólo quiere tetas y culos. Por eso, para no arriesgarse a salirse del share facilón el concurso nos obsequió, a modo de avanzadilla, una fiesta cómo sólo se pueden ofrecer en las barras libres de Telecinco y Antena 3: un poco de alcohol, testosterona acumulada y una piscina a la luz de la luna hicieron el resto para ofrecernos uno de los mejores momentos del programa… y de los peores en la vida de los recios padres.
“¡Tu hija es una golfa!” “¡Y tu hijo un lascivo!” eran algunas de las acusaciones veladas que los, a su pesar (¿o no?) padres de los protagonistas se hacían entre lágrimas y babas (unos al ver la realidad de sus vástagos y otros al darse cuenta de que habían tenido la mala suerte de haber nacido cincuenta años antes).
Poniéndonos en el modo Semanario Alba, cabe preguntarse de qué se extrañan estos padres, inocentes educadores que pierden cualquier clase de autoridad moral ante series tan cool y modernas como la infumable SMS (comparen los episodios de Al Salir de Clase por los canales TDT de Telecinco y se darán cuenta de que los actores no eran tan malos) que estrenaba La Sexta el viernes pasado. Eso sí es auténtico miedo y vergüenza.
No quiero cerrar la entrada de hoy sin hacer referencia a la previsible catástrofe de Mujeres Desesperadas en los rankings diários de audiencias. Sólo Carmen Caffarel ha conseguido hundir a una serie que desde el primer día estuvo mal programada (tres cambios en menos de tres meses y priorizando la costumbrista serie “Con dos tacones” antes que la superproducción de la ABC).
Decidido además a hacer honor al titular que lleva esta anotación y enlazándo con la maltratada serie quiero por último demostrar, una vez más, que en televisión no es oro todo lo que reluce y que puede haber cosas que den más miedo que Emilio Pineda al frente de un programa infantil.
Es Eva Longoria sin maquillaje. Comparen.