Final Fantasy XI, “el intuitivo”
Llevo aproximadamente dos días tratando de completar la penitencia el proceso de instalación de Final Fantasy XI para Xbox 360. Unas labores de instalación que va más allá del simple next > next > next de los ordenadores personales y de cualquier juego medianamente intuitivo que se precie.
A saber: 10 minutos para instalar el software PlayOnline, el servicio propietario para juegos online de Square Enix que, curiosamente, “vive” en el interior de otro servicio propietario para juegos online: Xbox Live de Microsoft. Por supuesto, cada uno con sus cuotas aunque en este caso no es condicion sinecuanum para jugar a la adaptación en línea de la obra maestra de Square.
Otra hora (repito, 1 hora de reloj) para instalar el juego propiamente dicho (con sus tres actualizaciones que, por obra y gracia de Square y UbiSoft se incluyen en el mismo pack) con sus cuatro diferentes códigos de serie.
Y por último (o al menos eso creo ya que en estos momentos mi Xbox 360 se encuentra en pleno proceso) una hora y cuarenta minutos para la actualización de todos estos archivos que, tras 6 años, parece se han quedado un tanto obsoletos.
La intención es jugar antes de que Square decida cerrar los servidores o de que se me pase los treinta días de trial incluidos con la clave de activación. A casi trece euros la mensualidad, en un juego donde te cobran hasta por respirar (nota mental: desglosar en una entrada próxima las diferentes cuotas por las que se cobra al inocente jugador) lo mínimo que se podría pedir es un poco de intuitividad a la hora de jugar a este MMORPG.
Ahora comprendo por qué World of Warcraft es el rey indiscutible (y sin competencia real que le haga temblar) de este sector tan incipiente, y sobre todo, lucrativo, de juegos.
Actualizo 22:49: Una vez instalado he podido jugar mis primeros minutos en el maravilloso mundo de Vana´diel… y lo cierto es que estoy bastante contrariado. No parece un mal juego pero desprende un cierto tufillo a juego pasado de moda y bastante superado por sus contrincantes. Las compareciones son odiosas, lo sé, pero cuando se trata de invertir el escaso tiempo libre del que dispongo se ha de saber invertir correctamente este. Mañána, una oportunidad más.