Todo tiene un límite
Puedo estar parcialmente de acuerdo con la opinión de un juez que jugaba a ser periodista hacía sobre un profesor de instituto que juega también a ser periodista cada mañana en la Cope.
Todos sabemos que Losantos es un mentiroso abyecto, que su lengua está envenenada de odios acumulados y que hay que ser un grandísimo hijo de la gran puta para decir de Pilar Manjón que sus lágrimas eran de cocodrilo cuando lloraba por la pérdida de su hijo en los atentados del 11-M.
Pero de ahí a aseverar que “los de Terra Lluire te tirotearon y fueron crueles al herirte en la pierna porque de haber apuntado al corazón, nada te hubiesen lesionado porque careces de él” va un largo, larguísimo trecho que, por mucha animadversión que se tenga a una persona, no se puede tolerar. Y por eso desde aquí me gustaría condenar tan lamentables declaraciones y felicitar al director de 20 Minutos, Arsenio Escolar, por sus reflejos a la hora de condenar y cesar al autor de la desafortunada columna.
Me quedo con una frase aparecida hoy en la página 12 de El Mundo donde el juez norteamericano Wendell Colmes en 1919 afirmó: “Debemos estar eternamente vigilantes contra los intentos de restringir la expresión de opiniones que aborrecemos”.